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¿Censura?

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En el momento del debate (que suele ser el más interesante para mí) tras mi intervención en Córdoba el pasado mes de abril, un alumno me preguntó si estaba de acuerdo con la política de auto-censura que en la mayor parte de las ocasiones hacían los desarrolladores de videojuegos.
Mi respuesta fue contundente, pues así me lo pidió quien intervino, y era que no estaba de acuerdo con que un videojuego fuese un reducto de censura. La razón no es otra que la consideración que el videojuego, en este caso de temática histórica, debe tener en nuestra sociedad. Si es un producto cultural, ¿cuál es la razón por la que la literatura no la tiene, o incluso recriminamos que el cine la tenga o haya podido tenerla?
Otra cosa distinta, y atención, si cabe más poderosa, es que un videojuego, sobre todo si se trata de un título de producción cara y, por lo tanto, destinado a un público mayoritario, está realizado por una empresa que su objetivo último es el de colocar su producto en el mercado. Por lo tanto, desea venderlo. Cualquier obstáculo es un problema. Y por ello, se eliminan de forma consciente las posibles respuestas negativas por parte de los usuarios.
La cuestión que nos asalta tiene otro carácter: la multiplicidad de esos usuarios. Pertenezco al grupo que no desea ver ni en pintura a un mago lanzando rayos en medio de una batalla de etapa medieval. Pero en cambio, soy consciente de que existen muchísimos jugadores que ya contemplan la posibilidad de que un orco salvador acuda en nuestra ayuda con un combo que haga desaparecer de un plumazo todo enemigo en nuestro entorno.
¿Censura? Pues sigo pensando que no debe haber. El usuario ya se encarga de censurar aquellos productos “malos”.
JF Jiménez