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¡¡¡¡Violenciaaa!!!!

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Acabo de ver una entrevista en IGN España, que ya tiene algunos meses, de Gustavo Maeso, nuestro experto en videojuegos favorito, a Miguel Ángel Uriondo.

El tema es el sempiterno Violencia y videojuegos.
Posiblemente lo que más me ha gustado es su opinión como padre, pues yo comparto esa situación.
El problema de siempre: los videojuegos son violentos y alentan a la violencia.
Punto uno y fundamental: a nadie se le ocurre decir que el cine es violento, así en general. El cine violento existe, y también existe Orgullo y prejuicio o Cuatro bodas y un funeral. Uriondo alude en sus declaraciones a que es posible que la demonización del videojuego sea debida a que existen lobbies de presión de otras industrias culturales que se sitúan en guardia para proteger esa visión idílica del medio. Cosa que no ocurre para el videojuego.
Personalmente creo que es más sencillo: se debe al puro y más claro desconocimiento de lo que supone el videojuego como medio de ocio. Tenemos lo que desconocemos. Es antropología pura. A nadie que haya jugado se le ocurre decir que se ha convertido en un asesino nato. Otra cosa es que recién terminado Rambo, des dos saltos pensando que vas a matar charlies a porrillo. Recuerdo perfectamente cuando era pequeño y los sábados por la tarde ponían una película de aventuras. Normalmente, salíamos a la calle a jugar con nuestros amigos a golpear rabiosamente nuestras posaderas pensando que íbamos cabalgando lustrosos por el desierto de Arizona persiguiendo indios, o desembarcando en una playa del Pacífico desde una Higgins. Pasada la novedad, pues a otra cosa. O terminado un partido de fútbol que habían ganado los otros (siempre ganaban los otros, algo que mi hijo no entiende cuando me exalto al ver ganar otra vez a la Selección), y a chutar o tirarse al suelo como Maier, o entrar duro como Benito o Del Bosque (sí, ese Del Bosque).
Y nadie se echaba las manos a la cabeza.
Ahora, el desconocimiento profundo del juego (frivolización, rechazo arbitrario, qué se yo…) es lo que convierte al medio en el nuevo Satán. En algunas de mis intervenciones aludo a un caso sucedido en el Barrio del Pilar de Madrid, cuando un asesino entró en una iglesia y asesinó a una anciana y una mujer embarazada (si no recuerdo mal). Bien, qué hubiera pasado si el susodicho hubiera sido jugador de Call of Duty o de Supermario (el que escribe en un periódico satanizando no sabe las diferencias: ve videojuegos, en bruto y a lo bruto). Pues era aficionado a la natación y al pádel. Cuidaos de aquellos que juegan al pádel y nadan.
Por JF Jiménez